Refutando el “concepto de vida” del movimiento feminista
Refutando el “concepto de vida” del movimiento feminista

El movimiento abortista justifica la interrupción del embarazo en los primeros meses por considerar «no humano» al cigoto; simplemente lo denominan «un saco de células». Desde el 2020, en la legislación argentina (Ley 27.610), la interrupción voluntaria del embarazo es posible hasta la semana 14. Cabe preguntar: ¿cuántas células debería tener el ser humano para considerarse humano? ¿Un millón, dos millones? El problema nos lleva a la raíz del pensamiento social de nuestra época: ¿Qué define a un ser humano? El mundo, aparte de no dar respuestas satisfactorias, da muchas veces respuestas contradictorias. Solo el cristianismo a través de la Biblia puede dar la concepción correcta de lo que es la vida y su dignidad.

El aborto y el «concepto de vida» del movimiento feminista

El movimiento feminista considera que el embrión no es humano desde la concepción, sino que se convierte en ser humano en una etapa posterior de su desarrollo. Las definiciones más recientes de los grupos proabortistas afirman que «un humano se convierte en ser una vez que nace vivo». Con este concepto, posiblemente muy pronto se permita el aborto en etapas mucho más cercanas al nacimiento, y no solo en las primeras semanas del embarazo como ocurre actualmente en la mayoría de los países occidentales.

El consenso general actual de los abortistas es que el comienzo de la vida humana (lo cual la diferencia de los animales) es la materia gris del cerebro, y que esta no aparece sino hasta la semana 30 de la gestación. Cabe aclarar que ellos no hablan de la formación del cerebro en sí, sino de la materia gris de la cual, según la ciencia, dependen la percepción sensorial, la memoria, las emociones, el habla, la toma de decisiones y el autocontrol. El razonamiento reduccionista de los abortistas es que «una semilla no es un árbol, por lo tanto se puede destruir la semilla».

Una respuesta bíblica de lo que es la vida humana

La vida humana, según la Biblia, comienza desde la concepción:

«Mi embrión vieron tus ojos, y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas que fueron luego formadas, sin faltar una de ellas.» (Salmos 139:16)

Es interesante que la palabra utilizada en el original hebreo que se traduce como «embrión» signifique «envoltura». A simple vista, un «saco de células», pero con la arquitectura genética dada por Dios que formará cada parte de un ser humano. Notemos dos cosas en la expresión bíblica. Por un lado, «mi embrión vieron tus ojos» nos habla de la personalidad (alma) tanto como de la parte material del ser humano a los ojos de Dios.

Por otro lado, se dice que todo fue formado de acuerdo al libro de Dios, libro codificado en lo que hoy conocemos como el ADN. Más allá del lenguaje poético como recurso literario de la Biblia, es claro que la «envoltura» es en sí un ser humano desde el inicio, con un desarrollo corporal bajo pautas específicas. Cuando el espermatozoide fecunda el óvulo se produce la primera célula con cromosomas propios y con una información genética única y distinta a la de los progenitores.

A la primera semana ya habrá unas 125 células, producto de la auto-replicación, y a los 18 días aparecerá el corazón del embrión. Cuando llega a 8 semanas ya se tienen mil millones de células donde se activa el centro del dolor; y para la semana 14, el feto ya cuenta con 43.000 millones de células, de las cuales 3.000 millones corresponden al cerebro. Hay que recordar que la legislación argentina permite matar a este ser humano hasta la semana 14, y otros países en semanas posteriores.

Ahora el abortista dice: «Una semilla no es un árbol», pero deberíamos preguntarle en qué etapa de crecimiento del árbol deja de no ser un árbol. Si tenemos un árbol de 80 centímetros que se convertirá en uno de 5 metros, ¿en algún momento pasa de ser un «conjunto de células vegetales» a un árbol? ¿Acaso no es en todas sus etapas de crecimiento un árbol? Si dijéramos que no es un árbol, la definición sería arbitraria (de la misma forma arbitraria que opinan los abortistas). El argumento no es lógico en sí y es una falacia para la legalización de la muerte de un ser humano en camino de nacer.

Conclusión

El movimiento feminista y proaborto, con el apoyo de las legislaciones y autoridades de los diferentes países, se levantan como jueces de la humanidad, reinterpretando el concepto de la vida humana. El nazismo tuvo la idea de «despersonalización» para cometer asesinatos; si determinado grupo de individuos no se los consideraba «personas», el genocidio estaba justificado. Así actúan los genocidas contemporáneos: asignan humanidad de acuerdo a sus propios caprichos. De esta manera justifican matar al ser humano en su etapa más indefensa, en el útero materno. Por supuesto, podrán esgrimir otros factores como la violación o un embarazo con problemas, pero la regla será que antes de que el «saco de células» sea humano, mejor desecharlo para evitar gastos y responsabilidades futuras. Lo que Dios llama bendición (una nueva vida humana), hoy muchos lo llaman una maldición de la que hay que deshacerse.

Aunque los hombres se erijan temporalmente como jueces de la vida humana, un día tendrán que comparecer ante el gran Juez, el cual les dirá: «No era un saco de células como pensabas, sino una de mis criaturas».

«He aquí que todas las almas son mías…» (Ezequiel 18:4)

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BIBLIOGRAFÍA

Blandón María Teresa y R. Torres Sylvia. El aborto un derecho para salvar vidas de
Mujeres. Managua, Nicaragua: Copy Express, 2006.

Cook R. J. La situación legal de la Anticoncepción de Emergencia. Internacional Journal
Gynecology and Obstetrics (2003).

Alejandro Riff