Génesis 3 sin mitos: ¡ni pasividad de Adán ni dominio de Eva!
Génesis 3 sin mitos: ¡ni pasividad de Adán ni dominio de Eva!

He leído libros y visto videos de conferencias sobre masculinidad y feminidad bíblica. Algunos muy buenos, y otros que dejan cabos sueltos sin atar, o que demuestran un mal entendimiento de los primeros tres capítulos de Génesis y la caída en el Edén.

Creo que con muy buenas intenciones de demostrar los roles del hombre y la mujer dados por Dios, se ha ido más allá de lo que la Biblia dice, atribuyendo a Adán y Eva «errores» antes de la caída propiamente dicha. ¿De qué forma? Lo explico a continuación.

Error interpretativo 1: El Adán descuidado y falto de liderazgo

He visto que se ha presentado a Adán —¡hasta se lo ha culpado!— de dejar sola a Eva con la serpiente. Como que Adán no tenía una supervisión amorosa de su mujer (o no le importaba si ella estaba cerca del árbol del conocimiento del bien y el mal). Muchas veces se presenta a Adán como el liderazgo patético de muchos hombres de hoy que dejan a sus esposas solas enfrentar la vida y los conflictos.

Si ese fuera el caso, ¿no sería pecado antes de comer del fruto prohibido? Al encontrarnos con esta realidad, que obviamente no se puede afirmar sin afectar la doctrina de la hamartiología —es decir, la doctrina sobre el pecado—, muchos se ruborizan y dicen: «¡No! En realidad no estamos diciendo que la falta de liderazgo de Adán sea pecado.» Entonces yo repregunto: ¿entonces no debería denunciarse como pecado la falta de liderazgo de un hombre sobre su hogar? Sea como sea, quien atribuye faltas a Adán antes de la caída está especulando y no interpretando el texto bíblico de Génesis.

La Biblia nos dice que el pecado de Adán fue la desobediencia, no la falta de liderazgo: Romanos 5:19 — Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores…

El pecado entró por un acto de desobediencia, no por un error de diseño.

Era en el preciso momento en que Eva le extendió su mano con el fruto a medio masticar, que Adán, con su libre albedrío aún intacto, podría haber dicho: «¡No!» Sin embargo, quebrantó este sencillo «pacto de obras» donde Dios había dicho: «no comerás… porque morirás.» Al comer el fruto prohibido no hay duda de que existió una estrategia previa del diablo, pero no una sucesión de «pecados» de Adán antes de ese momento, como no tener liderazgo, dejar sola a Eva por falta de iniciativa, etc.

Lo de Adán fue una transgresión voluntaria y consciente de una ley positiva, no una negligencia administrativa o un «descuido» de supervisión sobre Eva.

Error interpretativo 2: La Eva empoderada e independiente de su marido

Si Eva hubiera sido así, podríamos decir que el pecado estaba en ella antes de comer el fruto prohibido. Tampoco es su tendencia a controlarlo todo; de lo contrario, Dios no habría creado una criatura santa y ayuda idónea del hombre, sino un ser que lo complicaría. Eva fue engañada por la astucia de la serpiente, no por su propio corazón, que era santo: 2 Corintios 11:3 — Pero temo que como la serpiente engañó a Eva con su astucia…

Si Eva hubiera tenido una disposición a la independencia rebelde antes de la caída, el pecado habría nacido de su naturaleza y no de la tentación externa, lo cual contradice la bondad de la creación divina.

Ella, al igual que Adán, podría haber dicho en su libre albedrío aún no afectado: «¡No!» a la serpiente. Vemos que al principio de la conversación con el diablo ella se opuso, pero luego de la insistencia de este —»no morirás»— accedió.

La visión correcta de la caída

Dios creó seres libres sujetos a prueba de obediencia. Esta prueba era simple y consistía en no comer de un único árbol en el huerto del Edén. El hombre como agente moral podía no pecar no comiendo, o pecar comiendo. La realidad es que el hombre cayó ante la tentación satánica y dijo sí cuando debería haber dicho no. Luego de eso, y solo luego de eso, los roles del hombre y la mujer fueron alterados respecto al propósito original. Los matrimonios fueron y siguen siendo desdichados: hombres que no ejercen la autoridad y el diseño para el cual Dios los creó, y mujeres que se sublevan a esa autoridad en busca de independencia. El resultado son dos personas compitiendo en roles dentro de su matrimonio, originando guerras y amargura. Lo que debería ser un complementarismo perfecto de amor y armonía, ahora es una competencia de sexos.

Enseñar masculinidad y feminidad bíblica está muy bien, y aplaudo las iniciativas de conferencias, ministerios y libros que se escriben al respecto, pues hacen mucho bien al pueblo de Dios.

Al intentar dar consejos matrimoniales prácticos, muchos conferencistas «leen» los problemas del siglo XXI dentro del texto de Génesis 2. Al hacer eso, debilitan la gravedad del pecado como una rebelión espiritual contra la soberanía de Dios, convirtiéndolo en un simple «problema de comunicación» o «falta de liderazgo».

Por eso, hay que tener cuidado de que en el afán de demostrar los roles del hombre y la mujer no caigamos en falsas interpretaciones de Génesis, atribuyendo pecado antes de la caída.

Gracias a Dios que, a pesar de que Adán es nuestra «cabeza federal» en quien todos morimos, los creyentes tenemos esta gloria: que en Cristo, nuestra cabeza federal de la salvación, todos vivimos.

1 Corintios 15:22 — Porque así como en Adán todos mueren, así también en Cristo todos serán vivificados.

Cristo vino a salvarnos, a reconciliarnos con Dios y con nuestro prójimo. Vino a sanar los matrimonios que confían en Él.

Pero debemos abordar estos temas con la teología correcta. ¿No lo crees?

 

Alejandro Riff