No estás olvidado por Dios
No estás olvidado por Dios

¿No se venden cinco pajarillos por dos ases? Con todo, ni uno de ellos está olvidado delante de Dios. Pues aun los cabellos de vuestra cabeza están todos contados. Así que, no temáis; más valéis que muchos pajarillos. (Lucas 12:6-7)

Estas palabras del Señor Jesucristo no son un mero consuelo sentimental. Son la revelación de una verdad teológica profunda: la providencia soberana de Dios alcanza hasta lo más insignificante de su creación, y con mucha mayor razón, llega hasta cada uno de sus hijos redimidos.

Valorados por el mundo, sostenidos por Dios

Todo ser humano, creado a imagen y semejanza de Dios (Génesis 1:27), experimenta el anhelo de ser reconocido y estimado. Nos alegra cuando nuestro trabajo es valorado, cuando nuestra familia nos honra, cuando pertenecemos a una comunidad que nos recibe.

Sin embargo, hay momentos en que todo ese sostén humano se desvanece. Llegan las críticas, el desprecio, el aislamiento. El cielo se torna gris. La autoestima se quiebra lentamente, y comenzamos a creer que somos inferiores, incapaces, incapaces incluso de volver a ponernos de pie.

Los años pueden profundizar esa herida. Llegamos a pensar que nuestra vida ya no vale nada ante los ojos de los hombres… y lo que es más grave: que tampoco vale nada ante los ojos de Dios.

La providencia de Dios sobre lo insignificante

Es precisamente allí donde Cristo interviene con una pregunta que desarma toda desesperación:

¿No se venden cinco pajarillos por dos ases?

El «as» era la moneda de menor valor en el mundo romano: una pequeña pieza de cobre, casi sin peso, casi sin precio. Con dos de ellas se podían comprar cinco pajarillos. Criaturas baratas, prescindibles, que nadie lamentaría perder.

Y sin embargo, el Señor declara que ninguno de ellos es olvidado delante de Dios.

La Biblia nos enseña que la providencia divina no es un principio abstracto ni una fuerza impersonal. Es el gobierno activo, continuo y amoroso de un Dios personal que sostiene, dirige y cuida cada detalle de su creación (Colosenses 1:17; Hebreos 1:3). Dios no solo creó el mundo y lo dejó correr solo. Él lo sustenta en todo momento, incluyendo la caída del más humilde pajarillo.

Más que pajarillos: hijos escogidos

Pero Cristo añade algo aún más asombroso: «Más valéis que muchos pajarillos.»

¿Cómo podría Dios olvidarse de ti, siendo que cuida los detalles más ínfimos de su creación?

¿Cómo podría Dios olvidarse de ti, cuando desde antes de la fundación del mundo te escogió en Cristo para ser santo y sin mancha delante de Él (Efesios 1:4)?

¿Cómo podría Dios olvidarse de ti, cuando entregó a su propio Hijo para que muriera en una cruz cargando el juicio que merecían tus pecados (Romanos 8:32)?

Si Dios tiene contados los cabellos de tu cabeza, ¿no tendrá también contadas tus lágrimas, tus noches sin dormir, tus soledades más profundas? El salmista ya lo sabía: «Mis huidas tú has contado; pon mis lágrimas en tu redoma; ¿no están ellas en tu libro?» (Salmo 56:8).

El «olvidado» que garantiza que nunca serás olvidado

Hay algo que el texto de Lucas 12 nos lleva a contemplar con los ojos de la fe: la cruz.

Para que tú nunca fueras olvidado por Dios, fue necesario que el Hijo de Dios experimentara el más profundo abandono. En la cruz, Cristo clamó: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?» (Mateo 27:46). Él fue el verdadero «olvidado», el que llevó sobre sí la ausencia de Dios que nuestros pecados merecían.

Cada gota de su sangre derramada es la respuesta más elocuente a nuestra duda más oscura. No es un grito en el vacío. Es la voz de Dios mismo declarando sobre tu vida:

¡No te he olvidado. Nunca te he olvidado.

La seguridad del creyente no descansa en sus circunstancias

La Palabra de Dios nos recuerda que la seguridad del creyente no se funda en cómo nos sentimos, ni en cómo nos tratan los demás, ni siquiera en la estabilidad de nuestras circunstancias. Se funda en el decreto eterno e inmutable de un Dios soberano que amó a los suyos hasta el extremo (Juan 13:1) y que prometió:

«Y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.» (Mateo 28:20)

Si hoy te sientes olvidado, mira la cruz. Allí está la prueba más costosa, más definitiva e irrefutable del amor de Dios por tu alma. Cristo padeció el abandono para que tú puedas tener la adopción (Gálatas 4:5). Fue contado entre los transgresores para que tú fueras contado entre los hijos (Isaías 53:12; Romanos 8:15).

Ese Dios que no olvida a los pajarillos, te ha grabado en las palmas de sus manos (Isaías 49:16).

Y ese Dios no olvida a los suyos. Jamás.

Alejandro Riff