…Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, limpiándola en el lavacro del agua por la palabra, para presentársela gloriosa para sí, una iglesia que no tuviese mancha ni arruga, ni cosa semejante; sino que fuese santa y sin mancha. (Ef 5:25-27) Las iglesias más puras bajo el cielo…
